
Breve relato de las contingencias alrededor del libro.
Lea, si está muy interesado. De lo contrario, busque Prólogo, o Título para leer cuento y comienzos.
I.
Durante los años 1985 a 1995, en San Miguel de Tucumán, Argentina, reuní mis cuentos y relatos sólo en dos libros: Es un lugar... y Aquí, en la tierra.
Bajo el título Es un lugar..., las narraciones más breves (24), que había leído a mis amigas, las poetas Lucía Aguirre y Silvia Weizs y la cuentista Ana María Mopty de Kiorcheff, como así también a mis maestros, el cuentista Ivo Marrochi y el poeta Juan González.
Una vez organizadas, se las dí a leer a mi profesor de literatura Dr. David Lagmanovich, quien de muy buen grado entendió y prologó la mínima edición de autor, en noviembre de 1995, y que distribuí entre mis amigos y familiares. David destacó el carácter contemporáneo en la forma y en la temática.
Alumna vocacional: Status que la UNT permitía a los que no éramos alumnos regulares, ni tampoco profesionales. Así que adopté la saludable costumbre de asistir a todas las clases de los cursos o seminarios de literatura y crítica literaria que dictaba el Dr. Lagmanovich y los escritores invitados por la UNT.
Observación: Este libro es considerado inédito, con derechos registrados, debido a que se trató de una edición de autor, de cantidad limitada, sin I.S.B.N.
II.
Me sentía tan en casa en mi ciudad que lo publiqué con mi apodo familiar y apellido de casada: Lita Vera de Gómez.
Hoy utilizo mi primer nombre y mis apellidos paterno y materno: Alba Vera Figueroa.
III.
Acerca del autor del prólogo, Dr. David Lagmanovich.
Es eterno mi agradecimiento por la deferencia y generosidad de David hacia mis primeros cuentos y relatos. Aquel aliento siempre me acompaña.
Académico de varias universidades de Argentina y de otros países, autor de más de treinta libros publicados -poemas, ensayos, trabajos de investigación-. En tanto investigador de formas narrativas breves, conviene citar, en este caso particular, el libro publicado por Ediciones Menos cuarto “El microrrelato. Teoría e historia”, en cuya página web - www.menoscuarto.net- pueden leerse sus referencias.
IV.
Bajo el título Aquí, en la tierra, están reunidos los demás relatos, cuentos más extensos y prosa poética. Este libro obtuvo Primer premio Iniciación en Concurso nacional en Buenos Aires. (Ver: 2.LIBROS EN TUCUMÁN. Aquí en la tierra)
domingo, 9 de marzo de 2008
ACLARACIÓN PRELIMINAR
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Alba Vera Figueroa
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Etiquetas: Alumna vocacional, Dr. David Lagmanovich, Premio Biblioteca Alberdi Tucumán, San Miguel de Tucumán. Literatura
PRÓLOGO
Por Dr. David Lagmanovich
El cuento, todo cuento, es una pequeña maravilla: una máquina de mirar. Es un instrumento que permite mirar el mundo, los mundos: el de adentro, que conocemos poco y mal, y el de afuera, que quizá conocemos peor. Escribimos cuentos porque queremos conocernos a nosotros mismos. Y también los escribimos porque somos parte de un mundo que nos contiene y presumiblemente nos explica, pero que es misterioso y desconcertante para nosotros.
No hay escritor que no narre, de una manera u otra: en la novela y el cuento, en la poesía, en el teatro, hasta en el ensayo. La constante narración es el testimonio de una búsqueda. En todas las actitudes literarias posibles seguimos buscando los secretos de esa forma que es a la vez la más tradicional de la literatura, anterior en milenios a la invención de la escritura, y la que parece tener mayor capacidad de mutación. No hay escritor que no narre, y hay pocos escritores que no hayan comenzado su carrera sin intentar el proceso de la narración: la figuración o refiguración de la realidad.
¿Describimos en nuestras ficciones la extrañeza de lo real, o inventamos una realidad paralela que -como sospechó Borges- nos coloca en la situación del demiurgo, creador indudable pero a la vez creador imperfecto? El dilema no puede resolverse en términos absolutos, porque incluye el problema general del conocimiento humano, que sólo podemos analizar con los instrumentos mismos que deberían ser objeto del examen. En términos pragmáticos, sin embargo, los lectores de ficciones narrativas distinguen sin mayor esfuerzo las categorías llamadas tradicionalmente “literatura realista” y “literatura fantástica”. Pero es importante advertir que, más que los tipos básicos, son los muchísimos matices intermedios los que hacen inagotable la aventura de la creación literaria.
Los cuentos de Lita* Vera, compilados en un primer libro que no es sin embargo un libro primerizo, exploran estos aspectos que he mencionado y les dan soluciones cambiantes pero siempre interesantes: entradas en la dura materia de la realidad, figuración de otras realidades posibles, cruces entre la vida cotidiana y el sueño, localismo y cosmopolitismo. Sus textos pueden estar muy cerca del mundo cotidiano, pero no son un ejercicio de localismo. El mate de don Hipólito Cruz (“Tamara”), valida la relación con un mundo vivido, pero no es garantía de reproducción documental: las chicas estudiantes unidas por la común pertenencia a una casa de pensión provinciana no van a contar esa historia repetida y explicable, sino otra historia, la que está del otro lado. En este caso se trata de la historia que está del otro lado de la puerta de un cuarto; en otros (“Es un lugar...”), la historia que está del otro lado de nuestra percepción habitual de la realidad. Y todavía en otros (“Descenso a las montañas”), la historia que está más allá de una búsqueda en la que se compromete no sólo el esfuerzo intelectual, sino más bien la totalidad de la vida.
El cuento que da título al libro, así como otras piezas del volumen, nos hacen percibir una línea claramente estructurante de esta imaginación creadora: la exploración de las relaciones espaciales, que quizá se pudiera relacionar con la experiencia del exilio. “La tierra, siempre la tierra” es terminante en ese sentido. “Alguna vez he sido de una ciudad donde el frío y el calor atestiguaban de la existencia diaria”, reflexiona la voz de una protagonista. Y termina: “mis amigos de ahora, los que se acercan a este hospital de las afueras de Copenhague, donde ahora vivo (o todavía vivo), creen que estoy enferma de cáncer. Yo sé que ha sido el silencio. Y por la tierra... que está tan lejos...” El destierro, la impuesta extranjería, ha sido un aspecto dramático de la vida nacional, y un peligro aún no disipado del todo. En nuestra ficción narrativa, produce sin duda especiales resonancias en una ficción desterritorializada, en la que el espacio es ajeno o abstracto.
El otro aspecto que quisiera destacar en estas ficciones es su brevedad: la concisión con que Lita* (Alba) trata de armar en cada caso su escenario y mover a sus personajes. En el breve volumen caben 24 construcciones narrativas, varias de las cuales parecen estar entre las 500 y las 1000 palabras de extensión. No cae en el rebuscamiento de la extrema brevedad que a veces suena a esquema de cuento más que a cuento propiamente dicho; sino, que conoce el valor de la expresión ajustada y, sobre todo, el incalculable valor del silencio. De esta manera, nos vincula nuevamente con nuestra esencia provinciana. Las tierras del país interior, en efecto, son aquellas en donde los silencios son más elocuentes que la incesante cháchara de la Argentina metropolitana. Eso se reconoce en este libro, cuyas páginas son afines a las de otros narradores, como me gusta llamarlos, “de la otra Argentina”: a narradores como Di Benedetto, Abalos, Moyano, Ardiles Gray, Hernández, Tizón.
Está, pues, Lita Vera en buena compañía. Escribe como tucumana; escribe como mujer; escribe como ser humano que sabe en qué mundo vive, en qué frágiles territorios se asientan sus padecimientos y sus búsquedas. Falta ahora que los lectores le brinden a su vez su compañía, la rodeen con su atención y su afecto. Me gustaría que estas líneas sirvieran para poner este libro breve e intenso en las manos de quienes serán capaces de leer todo lo que se dice y lo que no se dice en sus páginas.
San Miguel de Tucumán, Octubre de 1995.
República Argentina
* Apodo de trato cotidiano. Nota de Alba Vera Figueroa
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CUENTOS Y RELATOS
Aclaración: de los cuentos que integran el libro, cito los que han sido seleccionados y publicados en libros colectivos por editoriales y, aquellos difundidos por periódicos, en años 1997 y 98.
Los siguientes cuentos han sido publicados por Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. Argentina. 1998
"Todos los juegos"
"No siempre somos los mismos"
"Helechos"
"Del otro lado de la luz"
Y los siguientes, por Editorial del Rectorado UNT. San Miguel de Tucumán. Argentina 1995.
"El brote"
"La ofrenda"
"Disfraces"
Ha obtenido Primer Premio Biblioteca Alberdi. San Miguel Tucumán. Argentina.
1993. "Costumbres"
Ha sido publicado por el diario El Periódico de la misma ciudad.
"Historias Foliadas". 1995
Publicado por el diario digital Tucumán Hoy (www.tucumanhoy.com)
"Rituales". 2001
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Etiquetas: cuento premiado, Cuentos editados
lunes, 3 de marzo de 2008
Del otro lado de la luz
un sortilegio y mira en dirección
al mar. Sus ojos nuevos descubren a
una mujer.
El escenario circular está iluminado. Los músicos retrasan su entrada mientras el público llega lentamente. Sólo algunos espectadores en la penumbra de las gradas hablan en voz baja. En la última fila, vestido de negro, Javier Antepara está sentado con el viento a las espaldas. La melena que es oscura y larga le acaricia la frente por momentos. Desde las gradas más elevadas del anfiteatro abierto al cielo, pueden verse algunas casas de los veraneantes; aisladas, difusamente remarcadas y bordeadas por caminos de arena. Los pinos oscuros y cimbreantes señalan en dirección contraria al mar. El muro del anfiteatro, de enormes piedras, se alza manchado de lluvia y sal. En el interior, los murmullos han cesado para dar lugar a la voz que anuncia los primeros instrumentos. En el rostro de Javier, sus ojos parecen dos cuevas que observan el círculo claro desde donde la música se eleva a mezclarse con el aire. Su memoria lo transporta... Se ve niño corriendo por entre las sombrillas de la playa desierta. Sortea las sillas de caña, pintadas de blanco y apiladas, sobre la arena ya mojada. Distraído admira los caracoles que se amontonan al lado de una roca humosa. En ese momento llegan a sus oídos los acordes de un violín cercano. Se acerca en dirección al mar temiendo quebrar un sortilegio y sus ojos nuevos descubren a una mujer en la semipenumbra. Una túnica transparente deja ver el cuerpo claro que gira dejando en cada salto un plano ondulante de piernas y brazos de espuma. La ropa liviana la acompaña o se adelanta a ella. Húmedo de sales, el cabello se mueve pesadamente y la ciega, en un torbellino de arabescos. La placidez gana sus brazos de gaviota que se extienden hacia el agua buscando lo inalcanzable. El violín silencia su llanto y es abandonado por las manos de un hombre. El niño presencia entonces el encuentro entre dos cuerpos y ve cómo el cuerpo de gasa quebrado hacia atrás en un juego de palmeras es depositado en la arena en un último contacto. El hombre, ahora una sombra ejecutante de música y muerte, se aleja del lugar. El niño avanza hacia la mujer yaciente. En la playa el niño avanza, camina hacia la revelación del rostro de la mujer, pero en ese momento escucha un disparo. Se detiene. Perturbado por el impacto, el niño desanda el camino. Corre. Trepa por las dunas desde donde divisa el anfiteatro iluminado de contrabajos, saxos y violines. En el desesperado retroceso, la memoria que lo sujetaba afloja sus hilos y lo expulsa, tornándolo figura y a veces viento. Rueda entre arenas de algodón que lo vuelven tambor hasta el camino de abedules; debe llegar a tiempo. Se cruza con sombras del pasado que huyen en tropel. Empuja cuerpos de hombres y mujeres, murmuraciones contenidas, y llega, al fin, al pie de la vieja muralla; del otro lado de la luz... En el anfiteatro la música ha cesado. Algunos espectadores han llegado hasta los escalones más altos desde donde asoman sus cuerpos. Otros han bajado y han salido a la arena. Javier Antepara ha caído desde las últimas gradas, con un agujero de aire rojo en la cabeza. El niño del recuerdo expulsado lo observa. Agitado y tembloroso gira sobre sí mismo y retorna a la playa...
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Etiquetas: Del otro lado de la luz
domingo, 2 de marzo de 2008
Todos los juegos
nuca y fui a parar lejos de los
límites
Todos los juegos en las playas terminan mal. Ya sea porque la arena se encuentra demasiado húmeda, o porque está tan caliente que se camina a brincos sobre ella. Jugar, por ejemplo a las fichas, trae mala suerte.
N.de la autora: La continuación está reservada.
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domingo, 24 de febrero de 2008
No siempre somos los mismos
polvillo que no había visto en otra
parte
Flanqueado por el monte cerrado de los Fernández y por los campos abiertos, desolados, de las fincas casi abandonadas, avanzaba Don Javier. Ya había pasado por los Quintana y solamente a los perros había visto en el patio, ni las cabezas habían levantado a su paso. Sólo habían arqueado los ojos para mirarlo, casi como saludando. Como cuando al pasar, algún paisano toca con las puntas de los dedos el ala del sombrero, como para avisar que no es una sombra. Así los perros...
N. de la autora: la continuación está reservada
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domingo, 17 de febrero de 2008
Helechos (Dado a conocer, también, con el título "Algo que te guste")
Da mucho el sol en esta
casa, y los helechos
del balcón se están
marchitando
Da mucho el sol en esta casa, y los helechos del balcón se están marchitando. Tal vez mañana los cambie de sitio. Atrás; para el patio donde da la sombra; ahí van a estar bien. Así podré regarlos a la tarde temprano, cuando me levanto de la siesta, y no tengo que esperar hasta el anochecer. Quema este sol; como si fuera enero; y ya estamos en abril... Viene lerdo el otoño. Como el verano, que también llegó tarde.
N.de la autora: la continuación está reservada.
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