lunes, 14 de enero de 2008

Costumbres

Hacía frío ese día,
y me había permitido,
como era mi costumbre,
que le robara con mis manos frías...



A veces atrapo un lugar blanco en mi cabeza. Por un instante. Casi un chasquido entre dedos. El también lo hacía. Los tañidos de las campanas me han ayudado. Porque lejos, casi llegando a Tilcara, hay una iglesia que llama. (El cura que vive en ella sabe que nadie acudirá a la misa. Pero igual llama).

Tal vez sea tiempo, otra vez, de subir a la montaña a buscar el yuyo aquel.

N.de la autora: La continuación está reservada.